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Hidro (Working Title)

Mi participación en el reto de la novela de mes. (Siempre he querido escribir ciencia-ficción clase B, snif)

Capítulo 7

noviembre 12, 2004

A pesar de sus ambiciones desmedidas, Belisario Balas tenía que responder a sus superiores. Esto era algo que lo incomodaba demasiado. No tanto el hecho de tener que soportar el escrutinio implacable de figuras incorpóreas a través de un monitor, si no el hecho de tener que responderle a ella. Su superior era una mujer que consideraba insignificante. Su nombre era Verónica Jansen.

Verónica era una mujer joven, menuda y de estatura media. Su rostro evocaba a la vez infantilidad y feminidad. No utilizaba nada del maquillaje que era asignado por KeyBoard a cada una de sus empleadas para adornarse. Rizos castaños caían dificultosamente por los contornos de su rostro ovalado. En esos momentos Jansen se encontraba cómodamente sentada en las oficinas de Beijing, con una actitud desinteresada que sacaba de quicio a Belisario.

Jansen acomodó con toda tranquilidad algunos archivos haciendo esperar a Balas. Este se comportó estoicamente, fingiendo una sonrisa durante la mayor parte del trance. Esa era la ventaja de estar al mando. Poder hacer esperar a tus subordinados.

Finalmente, Jansen dejó de acomodar sus archivos –o de fingir que lo hacía- y se dirigió a Balas.

-Puede usted dejar de sonreír, Sr. Balas.

-Lo siento, Srita. Jansen. Pero me temo que me pagan para ello.

-Ahórrese el sarcasmo, empleado.

-Siento que eso sería incorrecto, Srita. KeyBoard estimula la creatividad de sus empleados, esto está descrito en sus postulados básicos. Creo que el sarcasmo puede considerarse dentro del rubro de ‘creatividad’, Srita. Jansen.

Jansen se levantó de su silla y se apoyó en el extremo izquierdo de la mesa. Sus medias revelaban piernas musculosas.

-¿Hace usted ejercicio, Srita?

-¿Perdón?

-Pregunté que si acostumbra usted hacer ejercicio. A juzgar por sus piernas podría apostar que sí.

-No se extralimite, Balas. No crea que...

-Hablando de lo que nos concierne -interrumpió bruscamente- deseo informarle que todos los preparativos están listos. No resta más que esperar un par de días para el... Armagedón y todo lo demás contemplado en el gran plan de nuestro fundador.

-Supongo que se ha encargado de asegurar las plantas desalinizadoras.

-Supone bien. Incluso he ido mas adelante y me he encargado de que nuestros amigos en las fuerzas armadas sean los primeros en pujar por el control de ellas cuando todo se vaya al infierno.

-¿Cuánto logró con este trato?

-Un par de billones de Euros que irán directo a las arcas de la compañía.

Jansen frotó su barbilla unos momentos. Después endureció su rostro.

-A pesar que es loable que haya logrado ese trato, debo recordarle que incurrió en una falta administrativa que será reportada inmediatamente.

-Srita. Jansen, quisiera decir en mi defensa, que...

-No es esto una corte, Sr. Balas, así que ahórrese la mierda. Ya he dicho bastante mierda para llegar a donde estoy y se cuando detectar a alguien que la dice. Esta falta será reportada. Y hay otra cosa. Nuestros muchachos de Informática han detectado algo sospechoso en las bases de datos de KeyBoard Norteamérica. ¿Sabe usted algo al respecto?

-Tan solo un contratiempo mínimo. Un mero error técnico que ha sido corregido.

-¿Esta usted seguro?

-Tan seguro como estoy seguro de que usted ha brindado poderosos orgasmos a sus amantes con esos poderosos músculos, Srita.

-Considere esta conversación terminada. Sólo un par de cosas.

-Adelante.

-Lleva usted dos strikes, Sr. Balas. El tercero será su fin, permítame recordárselo.

-Procuraré no olvidarlo. ¿Y la segunda?

-La segunda... no olvide que lo tengo agarrado de las bolas, niño... eso es todo- dijo y la transmisión se interrumpió abruptamente.

-Lo sé- continuó Balas, hablando para un interlocutor invisible- y también se que no dejare que ninguna perra insignificante me obstaculice- concluyó.

Capítulo 6

noviembre 11, 2004

-¿Dónde estamos?- preguntó Coco, con una voz que simulaba a la perfección la vulnerabilidad infantil que tanto gustaba a algunos hombres.

-No tengo más que una leve idea- contestó Narse, más para sí mismo que para Coco.

-Hace unos momentos nos encontrábamos en el living de Misty, ¿dónde estamos ahora?

-Alguien debería darte un premio por deducir lo increíblemente obvio- contestó abruptamente.

Narse se incorporó y observó alrededor. Se encontraba desorientado. El lugar donde se encontraban parecía vagamente familiar, pero al mismo tiempo, era diferente a cualquier lugar donde hubiera estado antes. El lugar parecía cambiar de características a cada instante, e incluso podía observar cosas extrañas con el rabillo de sus ojos. Mientras tanto, Coco comenzó a desnudarse sin ningún motivo aparente.

-¿Qué diablos haces?- preguntó Narse.

-No quiero morir vestida, es solo eso.

-No vamos a morir, niñita estúpida. Creo tener una idea de lo que está pasando... Coño, ¿qué es lo que pasa con las mujeres hoy en día? Desde que se oficializó el feminismo todo se fue al carajo.

Coco abandonó el mecanismo de defensa y demostró interés, o algo muy parecido, en las palabras de Narse.

-¿Qué es lo que pasa, según tu?

-¿Nunca has leído a Susy Q. Ranch?

-¿A quien? No creo. Solo hago downloads cerebrales de las cosas que me parecen interesantes.

-No voy a entrar en discusiones de tu increíble y criminal estupidez. Susy Q. Ranch es una autora que toca temas de corporaciones, teorías de conspiración y cosas por el estilo. Ahora piensa. ¿Qué es lo último que recuerdas antes de encontrarnos aquí?

-Misty... diciendo algo... no lo recuerdo...

-Misty diciendo algo, ¿recuerdas exactamente que?

-No, realmente no.

-Muy bien, eso esperaba. No te preocupes. Mi último recuerdo es de Misty diciendo una palabra específica... La cual alcancé a escuchar antes de que yo mismo me desvaneciera al escuchar a tu novio decir otra palabra específica.

-El no es mi novio.

-Las definiciones que ustedes les den a sus relaciones enfermizas me tienen sin el menor cuidado. El caso es que recuerdo vagamente haber leído algo al respecto de esto. Ahora mismo estoy haciendo un gran esfuerzo mental por recordarlo. Parece ser que sufrimos una especie de interferencia mental...

Narse dio la espalda a Coco y cruzo sus manos detrás de su cintura.

-La Inter-Zona, - dijo al fin.

-¿Qué es la Inter-Zona?

-Según los escritos de Ranch, la Inter-Zona es un lugar que previamente fue conocido como el ‘limbo’ o incluso como el ‘purgatorio’. Es una especie de depósito de nuestras conciencias en caso de que nuestros contenedores no hayan sido destruidos...

-¿Contenedores? Te refieres a...

-A nuestros cuerpos de carne y sangre. Aquí es el lugar donde las conciencias de aquellos que están en coma, tienen un ‘viaje astral’ fallido o algún otro accidente vienen hasta que su cuerpo es destruido o hasta que logran regresar de algún modo.

-¿Estamos muertos, entonces?

-No lo creo. Creo saber exactamente la razón por la cual estamos aquí. KeyBoard.

-La corporación KeyBoard.

-Así es. Se ha hablado... Se ha hablado en últimas fechas de toda clase de experimentos macabros por parte de sus divisiones científicas. Uno de ellos implicaba ‘borrar’ la conciencia de un individuo y ‘bajar’ otra que recibiera ordenes sin chistar. En pocas palabras, un autómata orgánico al servicio de la empresa, dispuesto a llevar a cabo cualquier orden. Lo cual coincide con las políticas panal de abeja de la empresa.

-¿Cómo logran desprendernos de nuestros cuerpos?

-Programación, desde nuestra infancia. Existen algunas palabras ‘clave’ que, de acuerdo a algún protocolo que desconozco por completo, borran nuestra conciencia. Tampoco estoy totalmente seguro de que KeyBoard sepa de la existencia de este limbo. Es improbable, pero posible.

-¿Y como podemos regresar?

-No podremos hasta que nuestros ‘amigos’- dijo en un tono deliberadamente irónico- decidan que es hora de regresarnos. Tal vez exista otra manera. Pero no estoy dispuesto a intentarla.

-¿Cuál es la otra manera?

-Si recuerdas, yo logré escuchar tu ‘palabra clave’ antes de desvanecerme y aparecer aquí. Utilizando un poco de lógica, al pronunciarla, tu conciencia volvería de nuevo a su depósito.

-¿Y por que no lo haces?

Narse se recostó en el piso. Cerró los ojos y esbozó una mueca grotesca.

-Por que incluso un misántropo como yo aprecia la compañía, incluso la tuya. No tenemos idea de la manera en que el tiempo transcurre en este lugar. Podrían haber pasado algunos Picosegundos desde que nos enviaron aquí. Podríamos no regresar nunca. Yo... necesito compañía.

-Es bueno que muestres algo... humano de vez en cuando- dijo Coco, sentándose a un lado de él.

-Me pregunto sí...

-¿Te preguntas que?

-Nada de tu incumbencia- contestó, poniéndose de pie- ponte algo de ropa si quieres que te tome en serio.

-¿Te incomoda verme?

-No seas ilusa. Me irrita tu enfermiza necesidad de atención... eso es todo.

Coco frunció el ceño y , por primera vez, levantó la voz.

-¿Quién diablos crees que eres, idiota? No eres interesante. Por lo que se, podrías haber inventado toda la historia de ‘Susy Q. Ranch’ y de KeyBoard para joder con mi mente. ¿Qué te hace un experto, una autoridad, en ese tema?

-¿Qué me hace una autoridad? Eso es fácil de responder. Al igual que tu querido novio, soy un antiguo empleado de KeyBoard, y ahora, si me disculpas, me gustaría recorrer el limbo un poco...- dijo Narse alejándose del lugar.

Capítulo 5

noviembre 10, 2004


Greenleaf observó la pantalla orgánica sin poder ocultar su sorpresa. Mientras tanto Cheryl’ynn (todos la llamaban Cherie) manejaba los controles del recolector con algo de aburrimiento. Después de un tiempo Cherie no pudo contenerse más.

-¿Qué es lo que te causa tanto interés, Greenleaf?

-Las cosas han cambiado mucho desde la última vez, ¿no te parece?

Cherie se levantó de su asiento. Era una hembra pequeña, de tan sólo 1.49 de estatura. Su cabello negro acentuaba sus facciones endurecidas por varias campañas anteriores. Greenleaf, en cambio, era un novato, alto y extremadamente delgado, aún para su raza. Esta era su primera incursión en las tierras de los habitantes del este y debido a esto se encontraba visiblemente nervioso.

-He estado aquí antes, chico, y a mi juicio todo sigue igual que antes. Tal vez haya un poco más de ellos pero...

-¿Tan sólo un poco más? De acuerdo a nuestras máquinas, la última vez que hicimos este tipo de incursiones tán solo existían 350 millones de ellos. ¿Y ahora?

-Tranquilízate...

-¡Y ahora esto! 7 billones de humanos luchando por los mismos recursos que nosotros. Sobreviviendo a pesar de las guerras y la contaminación y la enfermedad. Sabes lo vulnerables que nosotros...

-La vulnerabilidad a los gérmenes humanos fue erradicada hace más de 500 años, niño, dijo Cherie, algo enfadada.

-¡Efectivamente! ¡Gérmenes obsoletos! Y eso no es lo único que nos preocupa... ¡mira!

Cherie observó la pantalla. Varias torres gigantes y se alzaban hacia el cielo.

-En unos cuantos siglos, el hombre ha sido capaz de crear esto. Torres que llegan al cielo, carromatos voladores, armas que dejan obsoletas a nuestras viejas espadas vibradoras y nuestros arcos explosivos. He escuchado las canciones de nuestros antepasados y sé que los humanos solían temernos y respetarnos. Pero ahora no somos mas que un recuerdo. La misma leyenda de nuestro reino se pierde en los abismos de la historia. ¿Qué crees que hagan al saber que ahora los despojaremos del agua para darle poder a nuestro reino?

Cherie se encaró con Greenleaf. Lo miró fijamente a los ojos. Su mirada era fuerte, imposible de mantener. Finalmente Greenleaf bajó la mirada al piso.

-Los humanos no son más que bestias primitivas. Ingeniosas, tal vez, pero primitivas. Durante miles de años yo y los que vivieron antes que mi hemos los hemos visto darse de tumbos entre ellos. Creando algún reino pequeño y miserable, comparado con el nuestro, para después despedazarlo. Que ahora hayan sido capaces de crear tales torres, o tales carros no me resulta nada impresionante. Nosotros creamos Babel decenas de siglos atrás, nosotros volábamos en nuestros propios vehículos que eran confundidos con caballos voladores o tapetes mágicos. Tal vez cuenten con mejores armas que antes, pero nuestras armaduras de malla son impenetrables y el fuego de nuestros explosivos es inextinguible. Ellos crearon una cultura sucia en base al carbón, el petróleo y el átomo y nosotros sabemos el secreto del Hidro desde la época en que ellos se arrastraban en las cavernas. Por lo que a mi y a nuestros reyes respecta, no siguen siendo mas que simios supersticiosos.

-Pero sin el agua...

-El agua nos pertenece, niño. Tenemos documentos que lo prueban. Tratados que hicimos con sus antiguos reyes, tal vez ventajosos para nosotros, pero legales a fin de cuentas, en donde compartíamos algunos de nuestros secretos obsoletos como el papel o la pólvora a cambio de los derechos de explotación ilimitados del líquido cada cierto tiempo. Pues bien querido Greenleaf, ese tiempo ha llegado. Es hora de reclamar lo nuestro. Nuestra misión es almacenar este manto freático y llevarlo a nuestro reino.

-Pero...

-Ningún pero. Por supuesto que les dejaremos algo... no morirán todos... quedaran los suficientes para repoblar, eventualmente, sus tierras. Si es que no se destruyen entre ellos completamente. Ahora, continúe con su trabajo, soldado.

Cherie se retiró al cuarto de máquinas. Un Greenleaf muy enojado continúo con la misión.

-Sí, tal vez este sea nuestro trabajo, pero eso no quiere decir que esté de acuerdo con él, dijo al fin entre dientes.


Capítulo 4

noviembre 09, 2004

El cuarto de experimentos de KeyBoard no era lo que podría esperarse. No había en él cápsulas de vidrio con mutantes deformes ni horrores indescifrables a la vista de aquel que contara con la jerarquía lo suficientemente alta para accesarlo. Era tan sólo un pasillo estrecho, tenuemente iluminado que daba a varias puertas. La mayor parte de las puertas se encontraban abiertas, sus habitantes habían sido saqueados por los miembros de KeyBoard que se encontraban a salvo en las propiedades que la empresa tenía en los 4 continentes restantes.

Yaoi Futanari se acercó, no muy decidida, a la puerta que tenía el número 47. Tecleó la combinación y una serie de ruidos, que indicaban la desactivación de los controles de seguridad comenzaron a escucharse.

-Yaoi, dime algo del experimento número 47, dijo Markus nervioso.

-No hay mucho que decir. Es lo más útil que nos dejaron los peces gordos cuando se largaron hace varios días.

-¿Qué tipo de guardián es?

-Fue uno de los primeros prototipos de nuestro equipo ruso. Regeración celular. Algo de NanoTech...

-Según la base de datos, los muchachos saltaron del prototipo 47 al 82. ¿Por qué?

-¿Markus, no sabes nada del fiasco de los primeros experimentos de NanoTech?

-No, realmente no. Tendría que ser un Dios para recordar todo lo que nos enseñaron en KeyBoard-Universidad.

-De acuerdo, dijo Yaoi con un tono de autosuficiencia, cuando se crearon los primeros prototipos, KeyBoard no se encontraba en la mejor de las situaciones económicas. Así que en vea de utilizar nuestro programa de clonación se utilizaron pacientes civiles lo que quiere decir...

-¿Lo que quiere decir que?

-Lo que quiere decir que nos adjudicamos a vagabundos, criminales y sobre todo, a pacientes desahuciados de hospitales mentales por los cuales pagamos una suma simbólica a sus familias, que de cualquier manera nos agradecieron que nos hiciéramos cargo de su problema. El experimento 47 en si es un paciente del antiguo hospital G.O.

-¿Cuál era el padecimiento de este Dios de la ciencia?

-Mmm... megalomanía. Represión sexual. Obsesión Anal-Genital. Delirio de persecución. Al parecer el tipo creía ser la reencarnación de Bukowski, un escritor del siglo pasado. Muy malo, por cierto.

-Por eso no leo libros. Son una completa pérdida de tiempo. Con los downloads de la escuela tengo más que suficiente.

La puerta se abrió. Las luces de la habitación se encendieron poco a poco. Markus y Yaoi fijaron sus miradas en la figura que estaba sentada en la silla criogénica. La figura abrió los ojos y comenzó a mover los labios.

-Hola chavos, dijo al fin.

-¿Chavos?, Preguntó Markus.

-Es un viejo slang de principios de siglo. Quiere decir ‘jóvenes’.

-¿Así que este es el experimento? No se ve muy impresionante.

El hombre en realidad no era nada del otro mundo. Una figura algo pasada de peso, con barba mal cortada, ropa bastante pasada de moda, de alrededor de 50 años.

-Su apariencia no tiene nada que ver.

-¿Qué pasó chavos, en que puedo ayudarles? Soy un profesional. Díganme sus problemas. Sólo quiero ayudarles.

-¿De que diablos habla este tipo?

-Debe estar algo desorientado. A juzgar por sus ropas lleva un par de décadas aquí. 21 años, para ser exactos.

-A su edad, chavos, mi vida estaba hecha... recibí una herencia de varios millones de dólares y...

-Los dólares no sirven más que para limpiarse el culo, abuelito. ¿Estas seguro que esto es lo mejor que tenemos, Yaoi? Este tipo parece estar completamente chiflado.

-Los demás experimentos son demasiado peligrosos para tratar con ellos. Al menos, este entiende las órdenes, además...

-...tengo una esposa en Europa. Soy un hechicero, sé magia. Soy famoso, ¿no lo ven?...

-¿Además que? Este tipo no sirve para nada, es un demente, dijo Markus, mientras se aprestaba a retirarse.

-Además... esto.

Yaoi sacó un revolver pequeño de un compartimiento de su chaqueta. Era un modelo antiguo, pero igual de mortífero que siempre. Apuntó el arma al cuerpo del experimento 47 y disparó hasta vaciar el cartucho. El experimento cayó al suelo.

-¿Está, está muerto?, Preguntó Markus, visiblemente alterado.

-Observa.

Markus se acercó cautelosamente a la figura sangrante. Pasó su mano por los ojos, y tronó los dedos un par de veces.

-Está muerto. Grandioso Yaoi. Ahora nosotros tendremos que hacer este...

-Chavos, ¿por qué la violencia?, Interrumpió la figura.

-¡Mierda!, Gritó Markus, asustado.

El experimento 47 se puso de pie, impasible.

-Chavos, permítanme que les cuente una historia de mis tiempos. Yo era escritor, ¿saben?

-Como puedes ver, el tipo es totalmente invulnerable, dijo Yaoi, entre carcajadas.

-Invulnerable, sí pero es un idiota chalado, ¿cómo piensas controlarlo?

-Muy fácil. Nuestros científicos nos dejaron algunos protocolos para estos casos. ¡Hey tu, maestro!

-Chava, se ve que tú si APRECIAS a los ARTISTAS, dijo 47, acentuando las palabras con gritos.

-Tenemos que hablar. Me acaban de hablar de su editorial...

-¿Cuál editorial? Yo he publicado en España y en USA, chava.

-Ah... Penguin Books, sí. Me comentaron que quieren publicar su próximo libro pero que le tienen un encargo especial.

-Claro que si chava, cualquier cosa por mis FANS, dijo con la voz cada vez mas descompuesta.

-Una persona, llamada Misty, ha estado hablando mal de sus obras... y agrediendo a su familia. Manchando su nombre, maestro. Usted sabe.

-¿Misty? ¿Tienes su NAME completo? ¿Su ADRESS? ¿Una foto de su FACE para reconocerla?

-Aquí están todos los datos, maestro. En estos momentos tenemos un vehículo esperándolo para que lleve a cabo su misión. Acallar a esta difamadora. A como de lugar.

-Me encargaré de eso. No volverá a darnos mas problemas, dijo 47, mientras comenzaba a caminar a la salida.

Se detuvo súbitamente y se dirigió hacia Yaoi.

-Una última pregunta, ¿su nombre, por favor dama?

-Simone De Beauvoir, mucho gusto.

-Ignacio Fernández, un placer, dijo, para dirigirse de nuevo a la puerta.

Markus y Yaoi no dijeron nada durante algún tiempo. Markus suspiró. Yaoi tomó aire.

-¿Y ahora?, Preguntó Markus.

-Ahora seguimos a este tipo para cerciorarnos que cumpla con su trabajo, contestó Yaoi, al tiempo que se dirigía a la puerta.

Capítulo 3

El edificio de KeyBoard era en el exterior una fachada descuidada con una puerta de metal corrediza y oxidada. La puerta se abría y dejaba ver varios carros estacionados. Algunos guardias de seguridad resguardaban el lugar con miradas de hastío. Una puerta blanca y descascarada se abría para dar paso a un vestíbulo iluminado tenuemente. Dos pasillos se abrían, cada uno en un extremo del mostrador. Pero ahora el edificio estaba desierto. Atrás habían quedado los días en que los trabajadores-zombi poblaban el lugar en el día y en que las chicas del mercado de carne se ofrecían a los directivos importantes en las noches.

En ese momento todos los ejecutivos obesos, arrugados, corruptos y de rostros lascivos habían abandonado el país con destino a diversas partes de Europa y Asia. En esos momentos Belisario Balas era el único directivo de importancia en el lugar. En esos momentos Belisario era el rey y no escatimaría en recursos para mostrarlo.

Belisario se acomodó sus gafas mientras hacía una mueca de disgusto. Se talló los ojos por debajo de los lentes y se cruzó de brazos al tiempo que recargaba el peso de su cuerpo en su silla ergonómica.

-Ahora explícame, Markus, como es posible que tal información se haya filtrado.

-Señor Balas, si me dejara explicarle...

-No me estoy dirigiendo a ti Yaoi, atajó Belisario secamente. Estoy dirigiéndome a mi incompetente encargado de seguridad informática.

-Señor Balas, Señor Balas, tengo que admitir que los sucesos que han acontecido me tienen demasiado perplejo señor, perplejo. La persona que logró infiltrarse y romper nuestros candados debe ser un verdadero dios hacker.

-No me importa la habilidad que este idiota haya demostrado, Markus. Lo que me importa es que siendo yo el encargado de cerrar las operaciones de La Compañía (y cuando dijo la compañía tuvo cuidado de acentuar su importancia con ese acento que te enseñan desde el primer día en la Universidad KeyBoard) tengo a cargo a un par de pimpollos idiotas como ustedes.

-Un verdadero dios hacker, señor, un verdadero D-I-O-S.

-Lo que Markus quiere decir señor, es que este tipo de ataque es el primero del que se tiene noticia. Son pocas las personas que tienen la capacidad mental, el acceso al equipo adecuado y el ingenio para crear un ataque de este tipo, tenemos una lista...

-¿Cuántas personas tiene su lista, Señorita Yaoi?

-10 señor. 15 si contamos...

-Eso es demasiado. Necesitamos refinar la búsqueda. Esta filtración debe terminar esta noche.

-Disculpe mi pregunta señor, pero ¿por qué?

Belisario sonrió. Su sonrisa no era una sonrisa natural, era más bien una mueca grotesca que le servía para mostrar su desprecio. Se puso de pié y miro por la ventana. La ciudad se veía más viva que nunca, imbatible.

-La última descarga de energía antes de...

-¿Antes de que señor, de que habla?

-Un verdadero dios, invencible. Un dios entre los hombres, murmuraba Markus.

¿Cuál es el producto más importante de KeyBoard, señorita Yaoi? Estoy seguro que lo aprendió en su primer día de clases en nuestra Universidad.

-Energía señor.

-No, señorita. Ese es nuestro producto más redituable. Piénselo otra vez.

-No... ¿venta de armas? ¿Farmacéuticos?

Belisario caminó a un pequeño compartimiento a un lado de su escritorio. Sin decir nada pulsó un botón. Un vaso cristalino cayó y empezó a ser llenado de agua. Belisario lo tomó con su mano y lo elevó, mirando su contenido. La sonrisa extraña apareció en su rostro otra vez.. Dio un trago al vaso y después limpió sus comisuras con la manga de su traje.

-Agua señorita. Si yo hubiera sido su profesor usted jamás se hubiera graduado.

-Disculpe señor, pero el robo de la información y el hecho de que todos los directivos hayan abandonado el país en el transcurso de esta semana tiene que ver con esto, ¿no es cierto?

-Efectivamente señorita.

-¿Algo que debamos saber al respecto señor?

Belisario volvió a sentarse y subió los pies sobre el escritorio. Cruzo sus brazos atrás de su cabeza y cerró los ojos.

-En 3 días aproximadamente, todas las reservas de agua dulce de nuestro continente, desde Alaska hasta la tierra del fuego desaparecerán por completo. No sabemos porque, no sabemos como detenerlo y las plantas desalinizadoras apenas servirán para cubrir al 3% de la población. Dentro de 4 días la gente se dará cuenta que algo raro está pasando. Dentro de 5 todas las reservas de los almacenes y hospitales se agotarán. Dentro de 7, estaremos hablando de una guerra civil... afortunadamente...

-Un verdadero Dios, un dios de las...

-afortunadamente, yo, y ustedes por ser mis asistentes, tenemos un boleto de salida de aquí en cuanto terminemos de liquidar todos los asuntos de KeyBoard en este continente condenado a la muerte. Contamos con un helicóptero y un avión esperando para ponernos a salvo en nuestras instalaciones en Asia... lo siento por nuestros gorilas allá abajo... pero esa no es nuestra prioridad por ahora. Nuestra prioridad es encontrar a la persona que sustrajo esa información. Y si el nuevo sistema de localización virtual funciona como dijeron nuestros técnicos, debemos tener la dirección exacta de nuestro amigo fisgón. ¿Markus?

Markus salió de su trance y comenzó a pulsar algunos botones en su computadora de antebrazo.

-Aquí esta la dirección, señor.

-Bien, busca a nombre de quien esta registrada.

-Una tal Misty, señor, dijo Markus al cabo de unos segundos.

-Bien. Podría apostar que esta tal Misty tiene ya alguna cierta reputación en los círculos de hackers y eso, ¿Yaoi?

-Esta usted en lo correcto Señor. ¿Qué hacemos ahora?

Belisario abrió los ojos.

-Elimínenla. Eso es todo. Utilicen a alguno de nuestros experimentos-zombis.

-Pero, señor.

-Nada de peros. Sólo háganlo. Y ahora salgan, necesito descansar un poco.

-De acuerdo señor.

Belisario dejó de sonreír. Mientras se inyectaba la solución para dormir pensó:

-Esta será una semana divertida.

Capítulo 2

noviembre 08, 2004

La ciudad se alzaba, desafiante, en un lugar donde no debería existir. En el nuevo orden de cosas, nadie se preocupaba demasiado por cuidar conceptos tan aburridos y demodé como la ley y el orden. Las luces de Neón y los hologramas peleaban por la atención de los turistas, dealers y personajes habituales de la ciudad. Diversos y crudos actos sexuales se anunciaban. Ninguno me llamaba demasiado la atención. Mientras el piloto automático nos conducía a nuestro destino, Coco le mostraba sus perforaciones a Narse.

-Una en cada pezón, tres en cada ceja...

-Lo lamento Coco, pero no se porqué no me impresionas...

-Es que es arte, tu sabes... no espero que comprendas eso...

-Llámame chapado a la antigua pero tengo la idea de que el arte murió cuando ese tipo francés expuso un mingitorio.

-¿Qué es un mingitorio?

-Tu bobería resulta insultante, niña.

-Bah.

El auto se detuvo frente a la casa de Misty. Vi la mueca de fastidio en el rostro de Narse.

-Bah. Esta tipa no me agrada para nada.

-A ti no te agrada nadie.

-Lo se, no tengo ni puta idea de por que estoy aquí, contestó, mientras se arreglaba la ropa.

Coco corrió hacia la puerta y toco el timbre varías veces. Narse miraba, indiferentemente su computadora mientras fingía revisar sus mensajes (lo conozco y sé que prácticamente nadie loe escribe.)

Misty abrió la puerta. Vestía únicamente unos panties negros y sus dos estrellas rojas tatuadas encima de sus pechos.

-¿Y tus calcetines?, Gritó Narse desde el fondo.

-¡Hey tú!, Coco pasen... Narse... dijo fríamente.

No podía hacer nada para evitar las actitudes despectivas de Narse con respecto a lo que él calificaba (bajo su criterio) como ‘vicios de comportamiento’. Tal vez tuviera algo de razón en lo que decía y en las pocas ocasiones en que sus retorcidos pensamientos se tranquilizaban lograba ser un tipo inteligente y divertido. Obviamente, este no era uno de esos casos.

-Que buena manera de llamar la atención, Misty.

-No comiences algo que...

-¿Es esto el comportamiento normal de una hembra de la especie humana? Discúlpenme, pero no tengo mucho conocimiento de estas cosas. Ustedes saben, las vicisitudes de ser virgen a los 21 años.

-No le hagas caso Misty, es una de sus rutinas, contesté mientras tomaba algo de agua mineralizada sabor fluido vaginal.

-Mi punto es...

-No tienes ningún punto en realidad, Narse. Eres solo un misógino de mierda. Un fósil, un artefacto de museo.

-Mi punto es el siguiente, continúo Narse como si nada sucediera, ¿cuál es la verdadera posibilidad de que tu estuvieras realmente desnuda en el momento en que Coco te habló?

-Eso no es de tu incumbencia...

-Claro que lo es. Es parte de mi guerra santa contra la estupidez de las personas, ahora continuando... mi teoría es que todo esto era parte de un plan complicado, parte vanidad y parte gracias a esos implantes neuronales que te obligan a ser abierto de mente y todas esas estupideces.

-Interferencia, dijo Misty.

Narse se preparó a decir algo. Movió los labios varias veces tratando de decir algo hasta tranquilizarse, su mirada perdida en algún punto en la pared. Di otro trago a mi bebida.

-¿Qué hiciste, Misty?

-Nada, mintió.

-¿Tiene que ver esto con lo que nos querías decir?

-En parte. ¿Por qué tenían que traer a este tipo?

-Es el único de nosotros que tiene un trabajo de verdad y que tiene dinero para las celdas de combustible.

-Enciclopedia, murmuró Misty.

Coco se levantó y empezó a decir:

-Soy el gran Buda. Soy el gran Buda orejas de conejo, piel de elefante. Soy el gran Buda Gaia. Soy. Yo... soy.

-Duerme, repliqué.

Coco cayó profundamente dormida. Misty no pudo evitar su sorpresa.

-¿Qué es lo que sabes?

-Se algo de las palabras clave y de los efectos de la programación subliminal sobre la mente humana. Tu sabes, cosas que te enseñan en la escuela.

-No, no, esto es más que eso y tú lo sabes.

-Lo sé. ¿Quieres que te lo diga con todas sus palabras?

Tomé la computadora de Narse y después de teclear varios comandos en el olvidado shell cree la interferencia necesaria. Cualquiera que estuviera interfiriendo el departamento tan solo escucharía las el audio de las 10, 000 películas pornográficas de la computadora de Narse.

Me acerqué a Misty y le dije, muy despacio:

-Sé que desde hace años los poderes y KeyBoard nos implantan palabras claves en la mente con el propósito de desactivarnos en caso de que las cosas salgan mal. Y también presiento que alguna información que obtuviste en una de tus andanzas de hacker confirma mis sospechas de que todo esto se va a ir al carajo... otra vez.

-Sí, sí, tienes la razón, toda la razón.

-¿Y que es lo que va a pasar?

Misty sacó una pastilla tranquilizante de algún lugar compartimiento de sus panties y la tragó ávidamente.

-Dentro de 72 horas, todo el hemisferio norteamericano se quedará sin agua potable y sin energía. Y no hay nada que hacer para remediarlo.

Capítulo 1

noviembre 07, 2004

Un tenue sonido me despertó. Era la música suave que Coco gustaba de poner todas las mañanas. Observe la proyección en la pared y tartamudeé la palabra clave. La metereóloga virtual declaro, con su eterna sonrisa y su ropa translúcida: “Son las seis treinta de la mañana.” Maldije a Coco (secretamente, tampoco quería causar ningún problema antes de que me llevara a desayunar) por despertarme tan temprano. Una especie de flauta repetitiva inundaba mi habitación, y aunque agradable en condiciones normales (como, por ejemplo, más de 3 horas de sueño) resultaba en este caso francamente molesta.

Mandé a la metereóloga virtual a algún lugar recóndito de la memoria y navegué rápidamente por las noticias del mundo.
“Nueva tecnología hace posible acelerar en un 30% la limpieza de las cráteres radioactivos de Texas y Florida”
“El segundo clon de Cristo niega affair con bailarín transexual...”
“La Policía de la Belleza se niega a revelar sus planes para Bellópolis”
“En otras noticias, el medio oriente sigue en paz debido al descubrimiento de nuevas reservas de...”

-¿Interrumpo? Dijo Coco interponiéndose entre la imagen del proyector y mi campo de vista. Una sonrisa ambigua adornaba su rostro, sus dientes recién blanqueados en el lavabo contrastaban con su pelo recién teñido de rojo cometa. Acababa de bañarse y parecía interesada en mostrarme su nuevo vestido rosa.
-Interrumpes, contesté. Esto pareció molestarla un poco, lo cual era realmente mi propósito.
-Puedo irme, si quieres, contestó, refunfuñando.
-No. Tengo una pregunta para ti.
-¿Una pregunta?
-Sí. Imagínate que uno de los clones de Turín resulta ser el verdadero Jesús. El tipo se presenta ante ti. Le pides una prueba. El tipo crea un millón de Euros del aire, sana a alguien canceroso, te hace inmortal e incluso cambia tus tetas de copa A a copa C...
-¿Estas insinuando que mis tetas son demasiado chicas?
-Déjame terminar. A estas alturas estás totalmente convencida de que este tipo es el verdadero hijo de Dios. No te queda duda alguna de ello. Estas platicando acerca de, no se, crear universos o cosas por el estilo cuando el tipo se tira un sonoro gas. No estoy hablando de un accidente. Ves que una mancha café se forma atrás de su túnica y que un líquido viscoso y de mal olor empieza a resbalarse por en medio de sus tobillos. ¿Qué harías?
Coco no dice nada por un momento. Poco después comienza a reír
-Eso en realidad fue gracioso.
-No fue mi intención serlo. Tan solo planteaba una situación improbable pero posible. Tu sabes. Con 9 clones haciendo giras por el mundo diciendo que son los hijos de Dios y todo eso.
-Yo soy hija de Buda. Soy el Buda-Cabello de Fuego.
-No sé porque, pero realmente dudo eso, digo, mientras me levanto con algo de dificultad de la cama.

Mientras me baño puedo observar a Coco hacer sus ejercicios frente al display, lo cual consiste básicamente en saltar y hacer rebotar sus pequeños pechos al ritmo de la música de moda. Presiono el botón de aromas selváticos y respiro hondo. La mitad del siglo XXI es un buen lugar para vivir si eres joven y tienes un buen par de glúteos a tu disposición.

Una figura se forma frente a mi espejo. Veo la mueca socarrona de Narse frente a mí.
-Espero que tengas activado el mosaico genital de cortesía, cuate.
-Estaré listo en 15 minutos, contesto.

La mueca socarrona de Narse se acentúa un poco más antes de que la imagen se desvanezca.

Termino de enjabonarme concienzudamente. Me visto y bajo junto con Coco, al estacionamiento.