Capítulo 7
noviembre 12, 2004A pesar de sus ambiciones desmedidas, Belisario Balas tenía que responder a sus superiores. Esto era algo que lo incomodaba demasiado. No tanto el hecho de tener que soportar el escrutinio implacable de figuras incorpóreas a través de un monitor, si no el hecho de tener que responderle a ella. Su superior era una mujer que consideraba insignificante. Su nombre era Verónica Jansen.
Verónica era una mujer joven, menuda y de estatura media. Su rostro evocaba a la vez infantilidad y feminidad. No utilizaba nada del maquillaje que era asignado por KeyBoard a cada una de sus empleadas para adornarse. Rizos castaños caían dificultosamente por los contornos de su rostro ovalado. En esos momentos Jansen se encontraba cómodamente sentada en las oficinas de Beijing, con una actitud desinteresada que sacaba de quicio a Belisario.
Jansen acomodó con toda tranquilidad algunos archivos haciendo esperar a Balas. Este se comportó estoicamente, fingiendo una sonrisa durante la mayor parte del trance. Esa era la ventaja de estar al mando. Poder hacer esperar a tus subordinados.
Finalmente, Jansen dejó de acomodar sus archivos –o de fingir que lo hacía- y se dirigió a Balas.
-Puede usted dejar de sonreír, Sr. Balas.
-Lo siento, Srita. Jansen. Pero me temo que me pagan para ello.
-Ahórrese el sarcasmo, empleado.
-Siento que eso sería incorrecto, Srita. KeyBoard estimula la creatividad de sus empleados, esto está descrito en sus postulados básicos. Creo que el sarcasmo puede considerarse dentro del rubro de ‘creatividad’, Srita. Jansen.
Jansen se levantó de su silla y se apoyó en el extremo izquierdo de la mesa. Sus medias revelaban piernas musculosas.
-¿Hace usted ejercicio, Srita?
-¿Perdón?
-Pregunté que si acostumbra usted hacer ejercicio. A juzgar por sus piernas podría apostar que sí.
-No se extralimite, Balas. No crea que...
-Hablando de lo que nos concierne -interrumpió bruscamente- deseo informarle que todos los preparativos están listos. No resta más que esperar un par de días para el... Armagedón y todo lo demás contemplado en el gran plan de nuestro fundador.
-Supongo que se ha encargado de asegurar las plantas desalinizadoras.
-Supone bien. Incluso he ido mas adelante y me he encargado de que nuestros amigos en las fuerzas armadas sean los primeros en pujar por el control de ellas cuando todo se vaya al infierno.
-¿Cuánto logró con este trato?
-Un par de billones de Euros que irán directo a las arcas de la compañía.
Jansen frotó su barbilla unos momentos. Después endureció su rostro.
-A pesar que es loable que haya logrado ese trato, debo recordarle que incurrió en una falta administrativa que será reportada inmediatamente.
-Srita. Jansen, quisiera decir en mi defensa, que...
-No es esto una corte, Sr. Balas, así que ahórrese la mierda. Ya he dicho bastante mierda para llegar a donde estoy y se cuando detectar a alguien que la dice. Esta falta será reportada. Y hay otra cosa. Nuestros muchachos de Informática han detectado algo sospechoso en las bases de datos de KeyBoard Norteamérica. ¿Sabe usted algo al respecto?
-Tan solo un contratiempo mínimo. Un mero error técnico que ha sido corregido.
-¿Esta usted seguro?
-Tan seguro como estoy seguro de que usted ha brindado poderosos orgasmos a sus amantes con esos poderosos músculos, Srita.
-Considere esta conversación terminada. Sólo un par de cosas.
-Adelante.
-Lleva usted dos strikes, Sr. Balas. El tercero será su fin, permítame recordárselo.
-Procuraré no olvidarlo. ¿Y la segunda?
-La segunda... no olvide que lo tengo agarrado de las bolas, niño... eso es todo- dijo y la transmisión se interrumpió abruptamente.
-Lo sé- continuó Balas, hablando para un interlocutor invisible- y también se que no dejare que ninguna perra insignificante me obstaculice- concluyó.