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Hidro (Working Title)

Mi participación en el reto de la novela de mes. (Siempre he querido escribir ciencia-ficción clase B, snif)

Capítulo 5


Greenleaf observó la pantalla orgánica sin poder ocultar su sorpresa. Mientras tanto Cheryl’ynn (todos la llamaban Cherie) manejaba los controles del recolector con algo de aburrimiento. Después de un tiempo Cherie no pudo contenerse más.

-¿Qué es lo que te causa tanto interés, Greenleaf?

-Las cosas han cambiado mucho desde la última vez, ¿no te parece?

Cherie se levantó de su asiento. Era una hembra pequeña, de tan sólo 1.49 de estatura. Su cabello negro acentuaba sus facciones endurecidas por varias campañas anteriores. Greenleaf, en cambio, era un novato, alto y extremadamente delgado, aún para su raza. Esta era su primera incursión en las tierras de los habitantes del este y debido a esto se encontraba visiblemente nervioso.

-He estado aquí antes, chico, y a mi juicio todo sigue igual que antes. Tal vez haya un poco más de ellos pero...

-¿Tan sólo un poco más? De acuerdo a nuestras máquinas, la última vez que hicimos este tipo de incursiones tán solo existían 350 millones de ellos. ¿Y ahora?

-Tranquilízate...

-¡Y ahora esto! 7 billones de humanos luchando por los mismos recursos que nosotros. Sobreviviendo a pesar de las guerras y la contaminación y la enfermedad. Sabes lo vulnerables que nosotros...

-La vulnerabilidad a los gérmenes humanos fue erradicada hace más de 500 años, niño, dijo Cherie, algo enfadada.

-¡Efectivamente! ¡Gérmenes obsoletos! Y eso no es lo único que nos preocupa... ¡mira!

Cherie observó la pantalla. Varias torres gigantes y se alzaban hacia el cielo.

-En unos cuantos siglos, el hombre ha sido capaz de crear esto. Torres que llegan al cielo, carromatos voladores, armas que dejan obsoletas a nuestras viejas espadas vibradoras y nuestros arcos explosivos. He escuchado las canciones de nuestros antepasados y sé que los humanos solían temernos y respetarnos. Pero ahora no somos mas que un recuerdo. La misma leyenda de nuestro reino se pierde en los abismos de la historia. ¿Qué crees que hagan al saber que ahora los despojaremos del agua para darle poder a nuestro reino?

Cherie se encaró con Greenleaf. Lo miró fijamente a los ojos. Su mirada era fuerte, imposible de mantener. Finalmente Greenleaf bajó la mirada al piso.

-Los humanos no son más que bestias primitivas. Ingeniosas, tal vez, pero primitivas. Durante miles de años yo y los que vivieron antes que mi hemos los hemos visto darse de tumbos entre ellos. Creando algún reino pequeño y miserable, comparado con el nuestro, para después despedazarlo. Que ahora hayan sido capaces de crear tales torres, o tales carros no me resulta nada impresionante. Nosotros creamos Babel decenas de siglos atrás, nosotros volábamos en nuestros propios vehículos que eran confundidos con caballos voladores o tapetes mágicos. Tal vez cuenten con mejores armas que antes, pero nuestras armaduras de malla son impenetrables y el fuego de nuestros explosivos es inextinguible. Ellos crearon una cultura sucia en base al carbón, el petróleo y el átomo y nosotros sabemos el secreto del Hidro desde la época en que ellos se arrastraban en las cavernas. Por lo que a mi y a nuestros reyes respecta, no siguen siendo mas que simios supersticiosos.

-Pero sin el agua...

-El agua nos pertenece, niño. Tenemos documentos que lo prueban. Tratados que hicimos con sus antiguos reyes, tal vez ventajosos para nosotros, pero legales a fin de cuentas, en donde compartíamos algunos de nuestros secretos obsoletos como el papel o la pólvora a cambio de los derechos de explotación ilimitados del líquido cada cierto tiempo. Pues bien querido Greenleaf, ese tiempo ha llegado. Es hora de reclamar lo nuestro. Nuestra misión es almacenar este manto freático y llevarlo a nuestro reino.

-Pero...

-Ningún pero. Por supuesto que les dejaremos algo... no morirán todos... quedaran los suficientes para repoblar, eventualmente, sus tierras. Si es que no se destruyen entre ellos completamente. Ahora, continúe con su trabajo, soldado.

Cherie se retiró al cuarto de máquinas. Un Greenleaf muy enojado continúo con la misión.

-Sí, tal vez este sea nuestro trabajo, pero eso no quiere decir que esté de acuerdo con él, dijo al fin entre dientes.


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